UNA HISTORIA QUE ESCRIBIÓ LA REALIDAD

Lourdes a la izquierda junto a Maria Milagros García (tia paternal)

 

Fue allá para el año 1959, un 14 de febrero, di a luz en el Hospital Pavía una niña.  Ella tragó secreciones al momento de nacer, su estado era crítico y las posibilidades de que sobreviviera eran remotas,  Cuando una Hermana de la Caridad me dejó saber que posiblemente no sobreviviría esa noche, apenas lo podía creer.  Al verla en la incubadora luchando por su vida, con agujas insertadas a su tierna cabecita, quedé desconcertada.  Después de dos niños, esta niña me llenó de alegría.  Cuando abandoné el hospital, ella quedó al cuidado de las enfermeras y su pediatra.  Al poderla  llevar a casa, todos nos llenamos de júbilo.  Era tan pequeñita, tan frágil, pero aún así le esperaba un largo trecho que recorrer.

        Su padre y yo nos divorciamos por relaciones irreconciliables y sus  abuelos se encargaron del cuido de mis otros niños, Héctor Armando y Juan David, muy en especial de mi hijo Juan David, el mayor de todos, quien sufrió daño cerebral al nacer, debido a “ fórceps” mal aplicados.

         Mi vida se ensombreció, pero tenía que luchar ante los retos que me lanzaba la vida y volví a ejercer mi profesión de cosmetóloga en la Base Naval de San Juan, mientras mis padres cuidaban de mis retoños. Años después, abrí mi propio negocio y este consumió mi tiempo, pues lo abría temprano y cerraba tarde durante seis días de la semana.

         Aquella niña frágil y pequeñita se convirtió en una hermosa jovencita.  Ya en sus años de adolescencia (a los 12 años) se fue a vivir con su tía Amparo y junto a sus primas disfrutó de un confort que y tiempo en calidad que yo no podía brindarle.  Tití Ampi, como cariñosamente la llamaba, la inició en un mundo glamoroso y mi hermosa mariposa vistió sus galas de quinceañera y lució como toda una princesa.  En su debut (o iniciación) de debutante lució hermosa junto a todas aquellas bellas jóvenes que se iniciaban en un mundo social y sofisticado. 

Años después (como a los 18 años) ella volvería conmigo y luego se casó con un elegante caballero que podía ser su padre,  no pasó mucho tiempo cuando su castillo de naipes se desvanecería, ahora  retomaba su vida de soltera y allí en su apartamento en el Condado, sus alas de mariposa revoleteaba en nuevas aventuras y nuevos sueños. Dedico su vida a trabajar y estudiar periodismo en la universidad del Sagrado Corazón.

Su carácter alegre y desenvuelto le granjearon la amistad de buenos amigos que vinieron a ser su familia extendida, gente con quien hizo lazos de amistad que la acompañaron en su corto peregrinar por este mundo y le dieron sentido a su vida..  ¡Como lloró la muerte de Paco y otros amigos vecinos del Condado, que murieron a consecuencia del SIDA a quienes ella quería de verdad!  Ella era así, un ser humano muy sensible. Sin embargo, un buen día, Sorcoidiosis le diagnostico el médico, ella la contrajo muchos años atrás mientras trabajaba con un Plan Medico, en un edificio contaminado con asbesto.

         Allí en su apartamento del Condado vivió sus últimos días en soledad, en depresión, descuidada de sí misa, dejo de trabajar y vivió sus últimos años de una suma cuantiosa que gano en demanda de un Mal Practice que le practico un Doctor en el Hospital Presbiteriano del Condado. Comenzó luego a enajenarse de las cosas que estaba acostumbrada a hacer.  A veces las que más la querían se preocupaban cuando se refugiaba en su apartamento al que ya sus fuerzas no le permitían atender.  Su vida se convirtió en un caos. Cosa que muchos no podían comprende, ella sabía  que no podía comprometerse con nada, ni siquiera con ella misma.

         El día que mi hijo me dejó saber de su caída y que la traería a casa para que cuidara de ella, con un brazo quebrado por dicha caída, estaba enyesada y necesitaba ser operada, ese día marcaría nuestras vidas para siempre.  Le prodigué mis mejores cuidados, le preparé sus platos favoritos, teníamos largas conversaciones, pude retomar los años de distancia y silencio mientras ella revoloteaba por la vida viviendo a su aire, ella era libre como una mariposa.

        La operación del brazo estaba pautada para un viernes, pero la placa reveló pulmonía, no se podía operar.  Curiosamente la fractura sanó sola, ahora nos  enfrentábamos a otra realidad, empezó a tener desmayos y a convulsar y llamé al 9-1-1.  La segunda ocasión la llevaron al CDT de Guaynabo.  El CT  Scan reveló que el lóbulo derecho de su cerebro estaba inflamado y le sugirieron otros estudios.  Siempre me preguntaré, ¿por qué no la llevaron al Centro Médico si no había tiempo que perder?

         Fue el Día de Acción de Gracias cuando ella volvió a convulsar.   Para ese día  permaneció en cama.  La familia se reunió en casa.  El reloj ya marcaba la cuenta regresiva, cuando su hermana Zulemy la llevó al Centro Médico en una ambulancia de alquiler, con la esperanza de que allí le darían una mejor atención.  Me dejó saber que luego de volver a convulsar, una enfermera no le pudo coger la vena, creo que le iban a inyectar Dilantin.  En la tarde del 28 de noviembre de 2009, sufrió un paro respiratorio, la entubaron y el reloj llegó al final de la cuerda. 

En una ocasión ella me dejó saber sus deseos de donar sus órganos en el momento de su partida.  Yo me encargué de que esos deseos se cumplieran, ya que fue un acto muy generoso de su parte donar sus órganos para dar vida a otros y a través de “Lifelink”   sus deseos fueron cumplidos.

Sus amigos de Kasalta, aquellos con los que se solía reunir a desayunar todas las mañanas, seguro la echarán de menos.  Echarán de menos su suspicacia, sus chistes y toda la alegría que destilaba, pues ella le daba importancia el compartir y cerraba con llave el cofre de su corazón para no dejar salir sus tristezas, desesperanzas y una enfermedad  que poco a poco la consumía, pero a la cual no le daba mucha importancia.  Ya su evidente deterioro se hacia notar, a pesar de que ella trataba de disimularlo y aún aquellos a quienes más quería nunca les dejó saber.  

El 6 de diciembre de 2009, se celebró una ceremonia bellísima en su memoria en la Iglesia Wesleyana, ubicada en el Camino Alejandrino en Guaynabo.  A veces me pregunto cómo se puede vivir en soledad cuando hemos sembrado una semilla de amor en tantos corazones. La Iglesia se desbordó en un acto de amor y recordación, a quien sembró tanto amor en tantas vidas  Fue una explosión de amor de los que tanto amamos a Lourdes, mi hermosa mariposa.

          Días después, mientras meditaba en silencio en un área de la sala, me llamó la atención ver una mariposa aleteando debajo de una mesita en la sala y sentí curiosidad.  Era una hermosa mariposa Monarca, una teofanía de la divinidad de Dios.  Soy creyente y sé que Dios la trajo de nuevo dejándome saber que ahora ella era libre como una mariposa.  Aún no salgo de mi asombro, mucho más cuando le pedí a mi hija Zulemy hiciera un trabajo de investigación con relación a la mariposa Monarca y me dice, “ Mami, ellas emigran a distintos lugares en Estados Unidos y a México, pero no emigran al trópico.  Por lo tanto yo no podía salir de mi asombro,  ¿cómo pudo llegar aquí!  La pude coger y la acomodé en un frasco de cristal.   Dejó  de aletear pero aún está,  aún puedo verla.  Luego me pregunté, ¿habrá algo imposible para Dios?  ¡Claro que no!

Lourdes regresó a mí y me dejó saber,

“ Mami, en el jardín de Dios soy como una hermosa mariposa, estoy bien,  ¡Mami, cuanto los amo!

 

 

                                                                                               Por:  Emmy Meléndez