LA PALABRA HORRIBLE

 

Tratar de adentrarme en  lo recondito de mi alma era como hacer un viaje  en introspectiva y retrospectiva, que me llevaría por los laberintos de mi vida.  Nada más difícil para mi, que tuve que vivir todo eso y aún me asombra estar aquí para contarlo.   Algo así como desnudar mi alma que es la sede de las emociones, el intelecto y la voluntad.

Tuve que descubrirme a mi misma y fue en la Universidad de la vida que pude lograrlo.  Las primaveras, los otoños pasaron y es ahora en el invierno, cuando el fruto se hizo maduro que pude enfocarme en la pantalla de mi imaginación para tratar de armar mi propio rompecabezas y llegar al final del viaje, no creo tenga mucho más que escribir o quizás ya no quiera seguir escribiendo, gracias a  todo lo vivido he podido atar  todo lo escrito.

En una ocasión, mientras asistía a una de mis visitas a un conocido siquiatra, tratando de desenredar  “la madeja”  si pronunciaba la palabra “horrible”  me decía: “ ¡ No señora!, la palabra horrible  nunca será tan horrible, como pudiera ser” Y es cierto, nada es tan horrible como todo lo que pudiera ser. 

Mientras  escribo las páginas que escribió la vida misma, aún atiendo en un cuarto de mi casa a chicas de la tercera edad, he sido cosmetóloga por muchos años,  y a  la vez a mi hijo invalido de 55 años, un ángel llamado David,  quien sufrió daño cerebral al nacer y es un bebé de cincuenta y cinco años que  yace en una cama en el cuarto contiguo.

Después de haber incursionado en la Teoterapia, (modalidad ecléctica donde para la sanidad integral   se fusionan principios bíblicos y sicológicos y así descubrir quiénes somos en realidad),   fue para mí como la luz al final del túnel, como agradezco al Doctor Mario Rivera Méndez, el Padre de la Teoterapia, Pastor  Senior de la Iglesia Bárbara Ann Roessler Memorial.  Los años que fui miembro de esa iglesia hizo la gran diferencia en mi vida.  Conocí a gente maravillosa y el amor ágape que me envolvió de tal forma que pude saber ¿quién soy? ¿ por qué estoy aquí?  ¿ y hacía dónde voy?

No es que lo haya alcanzado por mi misma, pero prosigo el blanco como decía el Apóstol Pablo.   Cuando renovamos el entendimiento, sólo la verdad nos hará libres, la diferencia no es las muchas veces que nos caigamos, sino saber que El  Señor está ahí para levantarnos.

Es mi oración al Señor, este popurrí de relatos y temas inspiradores para que sean de bendición a tu vida como lo ha sido a la mía.  Si El Señor no me hubiese inspirado, jamás hubiese podido transformar mis pensamientos en todo lo que se me ha ocurrido escribir recordando siempre que toda buena dádiva viene de Dios.  

Tanto el pastor como los profesionales en la salud mental son herramientas  puestas por Dios para poder lidiar con nuestros conflictos y así ser libres para vivir la vida abundante que Dios quiere darnos.

                                                                                        Bendiciones:  Emmy Meléndez