LA MENTIRA

 

La mentira es una debilidad de caracter, es sinónimo de temor. ¿Cuántas veces caemos en la trampa de convencer a otros escondiéndonos detrás de una mentira?  Hay todo tipos de mentiras, hasta  hay quien piensa que hay mentiras piadosas, otros las usan para su propia conveniencia o para aparentar lo que no son. ¿Quién  no ha mentido alguna vez?  El que lo niegue es mentiroso, nos mentimos a nosotros mismos cuando tergiversamos la verdad, que no queremos aceptar. Racionalizamos nuestras acciones, nos justificamos, para sentirnos bien con nosotros mismos, encubriendo lo que no queremos mostrar.

Vivimos en un mundo de mentiras y  estafadores, el diablo también lo es, así que los mentirosos pertenecen a su reino.  La gran verdad es que él que dice que nunca ha mentido, miente, pero las buenas noticias son que nunca es tarde para ser veráz, todo es cuestión de conciencia.  Lo único que nos libera es la verdad, porque “en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso”.  Aunque hay personas que pueden hacer que una mentira parezca una verdad.   ¡Dios nos libre de ellos!   y a veces de nosotros mismos. Todos hemos caído en la tentación de  decir una mentirilla, hasta un niño lo hace por temor a ser descubierto cuando hace algo indebido y teme ser castigado.   La moraleja de todo esto lo dice el gran libro de sabiduría.  “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.  Juan 8:32

Aún así, si se nos escapa alguna mentira, “sin querer”, tienes una opción, arrepentirte, pasar la página, y seguir adelante  porque en realidad, ¿quién nos librará de este cuerpo de muerte?  Romanos 7:24

La batalla del hombre es contra su propia naturaleza, es como si fuéramos en un coche tirado de dos caballos, uno tira de un lado el otro del otro, el que lleva las riendas debe saber manejarlos.

¿Cómo manejas las riendas de tu vida?  Hay momentos que nos llenamos  de confusión, tristeza, ira y todos esos sentimientos antagónicos que nos pueden confundir, pero si tenemos dominio  propio podremos dirigir nuestros pensamientos y no dejar que éstos nublen el entendimiento; de no ser así perdemos las riendas de nuestras vidas y  habremos perdido el norte.

Siempre trato de atar los absolutos de Dios con cualquier situación donde mi opinión no pesa más que la verdad.  En realidad la verdad  pesa más que la mentira.  Cuando ato esta palabra “jura usted decir la verdad y toda la verdad” ante un juez, entiendo que la verdad exonera la mentira.  Pero viviendo en un mundo de mentiras donde la mentira se manipula para que parezca una verdad, cuantas injusticias se cometen. 

Desde pequeña oí este refrán, “la verdad aunque severa es amiga verdadera”.  Las mentirillas pueden salvar situaciones,  pero siempre la verdad  impera.

Quien diga que  nunca ha mentido, miente.  Se habla de mentiras blancas, yo le cambiaría el concepto, las mentiras son de diversos colores, pero una mentira que atenta contra la dignidad humana es una mentira al rojo vivo y una pequeña chispa enciende un gran fuego.

Siempre he creído que lo que tú no quieras que se sepa, no lo hagas, mejor dicho no lo digas.  A veces tenemos que confrontarnos con nuestras propias mentiras, nos mentimos a nosotros mismos, pero el Tribunal de la Conciencia está ahí para juzgarnos.

He mentido a veces, por diversas razones y en realidad me he dañado a mi misma, porque he sido víctima de mis propias mentiras, éstas han sido el dedo acusador que me ha llevado a confesarlas.  La palabra del Señor dice, “el que encubre su pecado no prosperará más el que lo confiesa y se aparta, alcanza misericordia”.

El Señor no ve lo que somos y sí porque somos;   “seres creados, caídos y comprados”.  Cuando confronto esta verdad liberadora, no puedo menos  que entender el amor perdonador de Dios y esto me llena de esperanza.  No importa las veces que me caiga, Él siempre estará ahí para levantarme y eso me devuelve la dignidad para verme  más allá de quién soy, escuchando su palabra: “Sin mi nada podéis hacer”.