EL VUELO DE UNA MARIPOSA

                       Un drama que escribió la vida misma

 

Se llamaba Lourdes, a mi se me antojó llamarla Mariposa.  Aunque de niña fue tranquila, a su espíritu le nacieron alas al convertirse en una hermosa mujer, quién podía conquistar con su hermosa sonrisa.  Su carácter afable y amoroso la llevó a conquistar el cariño y aprecio de quienes la conocieron, aquellos que fueron sus mejores amigos y la lloraron el día de su partida.

Se crió con su abuela quien la adoraba, fue un amor recíproco; después de divorciarme de su padre quedó al  cuidado de mis padres,  al igual que mi primer hijo llamado David confinado a cama por Trauma Cerebral severo al nacer (“Mal Practice”) , tuve que trabajar, soy cosmetóloga, mis padres fueron mi mejor opción para cuidarlos.  Mi madre creyó conveniente que ya una adolescente mi hija debía ir a vivir con tu tía Ampy y compartir en un ambiente donde podría socializar y entrar en un mundo más sofisticado.

En su quinceañero, que celebró en casa de su tía junto a sus otras primas, lució como toda una princesa junto a  la algarabía de sus nuevos amigos y compañeros de escuela, yo la observaba y me decía a mis adentros “ Mi Mariposa empezó a batir sus alas”, luego de su debut,   la coronó como toda una reina  que celebró en el desaparecido Hotel   Dupont Plaza.

Pasó el tiempo y encontró su príncipe azul con quien contraería nupcias, un elegante y distinguido caballero que le doblaba la edad, fueron tiempos  agradables que culminaron con un desgraciado matrimonio, esto le quebró su corazón.

Empezó una nueva etapa de su vida, allí en su apartamento en  De Diego 61 en el Condado, se ganó el cariño de buenos amigos que se convirtieron en su familia extendida y en Kasalta desayunaba con sus buenas amigas. Su perro Poodle Picasso y su gatita fueron su mejor compañía en su soledad compartida.

 

Hizo un Bachillerato en Comunicaciones en  El Sagrado Corazón y según me confesó un día le alquiló su vida a un hombre por quién sentía gratitud y admiración, esos amores que dejan sabor amargo cuando me confesó un día que era una esposa de alquiler.

Pasaron los meses en los que vimos como sus alas se iban quebrantando.  Su condición de Sarcoidiosis iba minando su salud, se refugió en su soledad, la distimia  le fue  robando energía y poco a poco fue decayendo,  la vida se le hizo muy cuesta arriba y  se refugió en su soledad. 

Luego de una caída en la que se fracturó un brazo, quiso Dios hallar  en mis brazos y pude cuidar de ella. Vi como su condición se aceleró  de tal forma que las convulsiones hacían  presa de ella, varias veces llamé al 911 cuando la veía desfallecer.  Días después,  su hermana Zulemy la llevó al Centro Médico buscando mejores cuidados para ella, esa misma tarde fue entubada y su vida se apagó.

El día que se celebró su  acto de recordación en la Iglesia Wesleyana de Guaynabo la presencia de los que la amaron se dejó sentir, fue un acto solemne y maravilloso de cariño y solidaridad. 

Días después, sentada  en la sala de mi casa,  pasadas las 10 de la noche observé debajo de una mesita una Mariposa Monarca revoleteando, mi corazón se estremeció  “¿de dónde vino esa mariposa?”  me dije.  Dios en su extraña forma de hacer las cosas me dejó  ver que ella era una hermosa mariposa en su jardín y mientras la mariposa revoleteaba por toda la sala se hizo el milagro de su presencia y pude entender que los seres que amamos no mueren  jamás   ellos son parte de nuestra historia  ¿Qué es la vida? Un tiempo de transición.  ¿Y la esperanza?  Lo que da fuerza al corazón para seguir viviendo.