EL AMOR ES...

Y me senté y lloré mientras contemplaba mi propio funeral . Sentí una honda tristeza en mi corazón. ¿Los muertos sienten? Sí.  Los muertos vivos se pueden contemplar así mismos aún en el mutismo de su realidad; aquellos que un día fueron y dejaron de ser, porque en ese carrusel donde unos suben y otros bajan la vida sigue girando; unos vienen otros van.  La vida no detiene nada;   los recuerdos pueden estar tan vivos que en la pantalla de la imaginación se transforman.

¿Por qué será que al recordar tiempos pasados se aviva la llama del espíritu o la entristece?  Pero ese hedonismo abstracto del placer lo plagia.

Alguien dijo: “que todo tiempo pasado fue mejor”, bueno... lo mejor fue mejor, pero como la vida no es una línea recta los sinsabores que viví en esa primavera de mi vida me hicieron languidecer de tristeza,  donde las flores mustias de mi juventud deshojaron mis sueños y esperanzas;  luego, las hojas otoñales en mi madurez marcaron la ruta hacia mi soledad, fue allí que el dolor y la tristeza catapultaron mi vida y me arrastraron al mar de la desesperanza; no me conformé con el destino que me toco vivir y me enfermé de tristeza, me enfermé de amor.

“¿Quizás si me regalo a quien pueda quererme?”,  me dije ¿Por qué será que damos por sentado que alguien tiene que querernos? ¿Acaso el amor es como una varita mágica que al tocar a otros enciende la llama del amor? El amor no es así, es una chispa que enciende, un fuego que debes atizar para que se mantenga encendido, es una continuidad emoción que despierta tu interés en alguien ajeno a ti y le da continuidad a quienes somos en realidad; sin dejar de ser quienes somos y quien es el otro.

El amor no coacciona y cuando las olas de la incertidumbre se elevan por encima de las peores circunstancias, se hace fuerte y resiste el embiste ante las rocas de la desesperanza.  ¿Quién podrá amar así?   Simplemente, el que ama,  porque el amor jamás podrá escaparse al amor.   El amor es...