EL LIRIO, EL ABETO Y LAS SEMILLAS DE PIMIENTO

Un día se me ocurrió sembrar unas semillas de pimiento en una jardinera, tiempo después descubrí como éstas germinaron y crecían al unísono.   Me hizo pensar que también la semilla que sembramos en el corazón de otros puede germinar de acuerdo a  su especie.

Si sembramos amor, segaremos gratitud; si sembramos odio, segaremos cizaña; si sembramos bondad, también recibiremos agradecimiento; si sembramos indiferencia, segaremos olvido; en fin,  pude entender el porqué de  que  lo que el hombre siembra, cosecha, “¿Así que la vida se trata de eso?, de sembrar y cosechar”, me dije.

Era uno de esos domingos en que mis compañeros de viaje eran: mi hijo David, confinado a cama con daño cerebral severo,  mi gata Mitsuka, que le encanta acostarse a mi lado cuando me voy a la cama, mi perrito Lucky que encontré abandonado en el parque, pequeñito  con sarna y hambriento; noté que cuando me bajé  del carro llegando de la iglesia, tal parecía que estaba esperándome; corrió hacia  mi y no tuve el valor de abandonarlo.    Recogí  a Lucky, lo traje a casa, lo curé y hoy es un compromiso obligado matizado por el amor que le tengo.  Es un perro travieso, juguetón y me ha robado el corazón; esos son mis compañeros de viaje.

La vida no sólo se trata de las cosas que nos suceden y lo que hacemos con ellas, también escogemos hacer cosas que traen satisfacción a la vida o tristeza, por ejemplo, después de pasado un tiempo de sembrar las semillas de pimiento y ver como iban creciendo, entendí que debía separarlas, el lugar era pequeño, necesitaban espacio y así lo hice;  “ahora  ellas crecerían y en el tiempo darían fruto”, pensé.

Que similitud tan grande entre el hombre y la naturaleza, nos convertimos en un embrión en el vientre de la madre cuando este es fecundado, necesitamos cuidados en el tiempo de gestación y formación; a medida que vamos creciendo una buena dosis de amor y disciplina para formar el carácter, madurar; por lo cual la semilla que germine en nuestro corazón definirá nuestro destino.

Luego recordé  que tiempo atrás me enamoré en un vivero de una mata que tenía unos lirios espectaculares, me la llevé a casa porque me deleitaría con esta hermosa flor, pasó el tiempo y ésta jamás floreció; me sentí defraudada, pero también pensé que hay cosas en la vida que son hermosas en el momento que las ves y las disfrutas, luego son estériles y te llenas de frustración cuando no fecundan, hay cosas que jamás  florecerán aún cuando las abones y las riegues, ¿le ha pasado a usted? 

Igual pasó con el abeto, esta enredadera de hojas delicadas empezó a trepar en el enrejillado del balcón, era la admiración de los que venían a mi casa, recuerdo que de niña se usaba en las capias de novias  con azahares, quizás ese recuerdo me hacia sentir que era una de mis plantas predilectas, luego se secó.  Hoy en la mañana, mientras podaba mis plantas, transplantaba las semillas de pimiento y regaba las otras  vi con asombro como en un rincón del jardín, cuando ya el abeto se había secado, de esa planta que daba por muerta, nació una pequeña matita, que lucía fresca y saludable; ella surgió de los escombros de la que había muerto.

A mi imaginación le nacieron alas, a ésta tengo que salvarla, me dije, ella es una sobreviviente de la vida como yo  que sufrí el impacto del cáncer y después de recibir la amputación de uno de mis senos y la sanación del cáncer del colon pude sobrevivir, y me di cuenta del paralelismo que existe entre las cosas que le pasan a los seres humanos y las otras que apuntan a la sobrevivencia; aún aquellas cosas que damos por muertas, pueden sobrevivir.   Muchas de esas cosas dependen de nuestro amor y dedicación.  A veces conllevan grandes sacrificios, todo esto me llevó a la conclusión que hay cosas que tienen que morir para poder germinar, unas dan frutos, otras no; pero cuando me quedo absorta  ante una puesta de sol, un arco iris de hermosos colores, el capullo que se abre y nos regala el esplendor de su belleza, me digo a mí misma,

“La verdadera belleza está en los ojos que la miran”

 

                                   Emmy Meléndez

                                   Semillas de mi Granero