CUANDO LA VIDA SE CONVIERTE EN UN DESAFÍO

 

Era una mujer de aspecto atractivo, que anhelaba en lo más profundo de su ser alcanzar la felicidad algún día.  Su mayor error fue buscarla a través de los que no pudieron dársela. Por eso pasó la mayor parte de su vida lamentándose de no poder alcanzarla aunque a veces le parecía poder tocarla, pero siempre se le escapaba de las manos por lo cual se apagaba la luz de la esperanza en sus ojos y se sumía en una cruel melancolía.

Nunca se cansaba de intentar e intentar, pues dejar de hacerlo era dejar de existir y ella quería vivir.  Vivir, no como el que  se da por vencido ;  por el contrario, cada fracaso se convertía en un reto.  Aún cuando su cuerpo fue tocado por aquella cruel enfermedad pudo superarla, con una fuerza interna que la llevaba a seguir adelante, aunque por un momento casi se da por vencida.

Hablo de una mujer a la que conozco de niña, la vi llegar a la adolescencia, convertirse en una mujer,  en una mujer madura,  y ahora la veo acercarse en el otoño de su vida y siente la brisa gélida de las brisas invernales cuando la juventud comienza a marchitarse.  Aún su corazón siente el calor de la vida, el calor del amor  se va diluyendo en el tiempo cruel e inexorable, pero aún se atreve a soñar y  a esperar.

Hablo de una mujer que aún se atreve a desafiar la vida para seguir viviendo por aquéllos que ama y por los que amó en un homenaje final a los que ya se fueron y por los que aún quedan.  Hay algo que jamás debemos dejar apagar la llama del amor y la esperanza.

Cuando me refiero a ella ya no lo hago con pena ni lástima.  Por todo lo contrario, admiro su valentía y todos los reveses que pudieron derribarla, pues aún de sus muchas caídas pudo levantarse.  Sin lugar a dudas cuando no podía caminar Dios la cargaba.  Siempre la llevó de su mano hasta mostrarle el verdadero camino.  Y cuando sus ojos se abrieron  y pudo ver más allá de todo lo tangible, entonces fue que su corazón cobró nuevos bríos y pudo encontrar el verdadero sentido de la vida.  Esa esperanza de un mundo mejor, que sin lugar a dudas el hombre jamás podrá lograr en este mundo tan contaminado por : el odio, el desamor, la indiferencia, la guerra, la violencia, donde el hombre se siente amenazado por el otro hombre, donde la vida se convierte en una verdadera amenaza.  Pero aún así;  para aquéllos que hemos recibido esa revelación del cielo, una esperanza de un mundo mejor;  aún cuando la vida se convierte en un desafío jamás debemos perder la esperanza de vivir.

         Yo soy esa mujer, por eso nadie podría describirla mejor que yo misma.  Una vida que espera su hora, pero no como el que vive sin esperanza y sentido de lo que es; una vida que acepta el reto del sufrimiento como parte de una disciplina divina, una vida que ha aceptado la soberanía de un Dios que controla todas las cosas, que tiene cuidado de los que ama y que no quisiera que ni uno sólo se pierda.  Para muchos es un Dios lejano, para otros es un amigo fiel y real. 

Si hoy he podido levantar mis alas nuevamente es porque Él ha ido sanando mis heridas.  No podemos caminar por un rosal sin que nos hieran las espinas, las espinas son para la tierra, las rosas para el cielo.

Atrévete a ser valiente y no permitas que cualquier circunstancia por peor que ésta parezca, nuble tu entendimiento de tal forma que pierdas los vislumbres de la esperanza.  ¡Atrévete a desafiar la vida con coraje, pero no con soberbia, porque de los humildes Dios se agrada!  Y nunca pienses que no tendrás suficientes fuerzas para levantarte, porque el brazo del Señor te levantará.  ¡Atrévete  a creerle a Dios!  Y aunque la vida se convierte en un desafío, al final de la jornada podrás contemplar la luz de un nuevo amanecer, no mirando lo que quedó atrás y sí mirando lo que tienes delante de ti con fe, amor y optimismo.  Y sobre todo, con un corazón perdonador podrás transitar por tu vida dejando caer a tu paso una semilla de amor.  Y sin lugar a dudas, este mundo habrá de convertirse para ti en un mundo mejor.